
En Tapachula, en la frontera con Guatemala, sacan en volandas del colegio a alumnas inconscientes. Son los últimos casos de una ola de intoxicaciones masivas para la que las autoridades no ofrecen explicación. Desde el 23 de septiembre, 116 menores de edad han tenido que ser hospitalizados por ingerir sustancias tóxicas dentro de los centros escolares.
La Fiscalía de Chiapas ni siquiera sabe todavía qué sustancia afectó a los estudiantes. Estos casos ilustran la fuerte entrada de drogas en las escuelas y apuntan a la reorganización del narcotráfico en el que era hasta hace algunos años uno de los Estados más seguros del país.La falta de respuestas de la Fiscalía, de la presidencia municipal y de la dirección de la escuela ha enrarecido todavía más un caso ya muy extraño. Los testimonios recopilados por EL PAÍS apuntan como primera hipótesis a que un grupo de cuatro o cinco niños habrían entrado droga a la secundaria. Padres y alumnos cuentan que eran continuos los rumores de que se repartía droga en el colegio. En mayo, seis niñas se desmayaron tras comer un brownie, que les habían dado los estudiantes del último curso, y que contenía marihuana.
Ante este panorama, la postura de la Fiscalía ha consistido en negar qué se trate de droga. “No ha sido por consumo de drogas”, dijo el miércoles en una rueda de prensa el fiscal estatal, Olaf Gómez, tras anunciar que todas las pruebas toxicológicas que habían realizado habían salido negativas a cocaína, anfetaminas, metanfetaminas, cannabis y opiáceos. Tanto en el caso de Bochil (61 pruebas) como en el último con 18 menores. No se realizaron pruebas para los dos primeros casos en Tapachula. “Vamos a fijar la línea de investigación a seguir: no hemos descartado ni una sola”, señaló el fiscal acompañado de todas las autoridades del Estado. La secretaria de Educación, Rosa Aidé Domínguez, anunció como única medida que se va a reimplementar el llamado Operativo Mochila, que consiste en la revisión de las bolsas de los alumnos antes de entrar a los colegios.
En ese contexto, y sin respuesta de las autoridades a la última intoxicación, han regresado este jueves los niños al resto de escuelas de Bochil. La policía resguarda la entrada y la salida de los estudiantes, a los que les han obligado a portar un gafete identificativo y vestir el uniforme. La directora de la Escuela Secundaria Técnica 38, que acoge a más de 700 alumnos, reconoce que todo es preventivo porque siguen sin saber a lo que se están enfrentando: “Hasta que no sepamos lo qué pasó en la Juana de Asbaje no podemos evitar que vuelva a ocurrir también en otras escuelas”.
